El kart que me dieron no iba demasiado bien (todo lo contrario). Soy de constitución física más bien grandote (digamos que “no soy de los que pasa por debajo de la puerta”), y reconozco que el hecho de que mi kart se quedara asfixiado en las cuestas me hizo sopesar empezar a comer y cenar única y exclusivamente lechuga todos los días. Además Jose y Fernando son dos cracks corriendo en kart: en un plazo de 10 minutos me doblaron varias veces. En mi defensa diré que mi kart debía tener efectivamente un problema. Íbamos con los hijos, e hice otro turno en otro kart con dos plazas, adaptado para poder montarte con un niño. Y éste último kart iba más rápido que el primero (abstenerse de hacer la bromita de que fue gracias a mi hijo
).
).
Afortunadamente, la vida te concede segundas oportunidades. Hace un mes, con motivo de su cumpleaños, Jose nos propuso a unos amigos reservar el circuito y pasar un buen rato. Todos mis mecanismos mentales de defensa saltaron al unísono: miedo a repetir el rídiculo (no conocía a la mayoría de la gente), complejos varios, etcétera etcétera etcétera. Pero era una ocasión especial para José Manuel (un gran tipo y un gran amigo) así que tragué saliva y dije que adelante (le recordé el episodio anterior, para que no tuviera demasiadas altas expectativas, y comprendiera mis pequeñas reticencias).
No voy a enrollarme más. Lo pasé fenomenal. Disfruté como un enano e incluso quedé “en la zona noble de la clasificación”, de mitad para arriba. Y no fue por azar.
Lo que aprendí/recordé
Ser objetivos para vencer temores y complejos
Que una vez fuera mal, no quiere decir que siempre vaya a ser así. Yo no soy especialmente habilidoso pero, siendo objetivos, los problemas de la primera vez fueron, en gran medida, un coche en malas condiciones y un miedo excesivo conduciendo, que me hacía tomar demasiadas precauciones, como coger las curvas demasiado despacio. Era altamente improbable que me volvieran a dar un coche malo (es un sitio de garantías). Además, a poco que lo pienses, puedes chocar, salirte del circuito, sí. Pero los karts son muy bajos y por tanto muy estables . ¡Es absurdo pensar que vas a volcar o partirte el alma! No hace falta ser físico para saberlo, pero pensarlo siendo físico … Así que, lo primero:
- Confianza en los medios (el coche)
- ¡Fuera los miedos irracionales!
Fuera el miedo al fracaso
En línea con lo anterior, muchas veces no hacemos las cosas por el miedo a hacer el ridículo. En mi caso era absurdo: el objetivo era pasar una buena tarde con unos amigos. No era una competición. Si hubiera sucedido lo de la primera vez, pues nos reímos todos un poco y mejor que mejor.
No podemos dejar que el miedo al ridículo, al fracaso, nos impida hacer cosas en la vida, en el trabajo. Hay que fijarse únicamente en las consecuencias. Si son realmente malas (deterioro de la imagen, pérdidas económicas, un despido…) entonces sí que hay que sopesarlo dos veces. Pero no siempre es así, y conviene meditar sobre esto antes de decir que no a algo.
Asumir riesgos y experimentar
Una vez que llegué a la sesuda conclusión de que no me iba a partir la cabeza, mejor que repasar las ecuaciones físicas del asunto, pisar acelerador y adelante. Y, efectivamente, no hace falta coger las curvas a velocidad abuela con bastón. Las leyes de la física no están equivocadas. Estaba 99%
convencido de que nada malo me podía pasar, aun saliéndome de la curva o chocando con las neumáticos que rodean el circuito.
convencido de que nada malo me podía pasar, aun saliéndome de la curva o chocando con las neumáticos que rodean el circuito.
Yo no cogería un Fórmula 1 y me pondría a 300 km/h el primer día, sin levantar el pie del acelerador en las curvas. La lógica juega a mi favor. Pero en caso de los karts es distinto. Puedes asumir riesgos controlados, sin temor a que pase nada malo. ¡Y disfrutar!
Cuantificar
Queramos reconocerlo o no, todos tenemos un lado friki. En mi caso, por deformación profesional, grabé la trayectoria de la carrera con el GPS de mi móvil. Y eso me permitió ver algunas estadísticas. Para empezar, no fui a efectivamente a 300 km/h
La velocidad media fue de unos 44 km/h (en mi caso), siendo la máxima de 54 km/h. No es para despeinarse (y menos en mi caso).
La velocidad media fue de unos 44 km/h (en mi caso), siendo la máxima de 54 km/h. No es para despeinarse (y menos en mi caso).
Tener datos nos ayuda a conocer mejor las situaciones, y a ponerlas en contexto y relativizarlas, todo esto fundamental para tomar decisiones acertadas antes, durante y después.
Al margen de esto, llevo mi recorrido grabado en el móvil, lo puedo ver en Google Earth, y recordar de vez en cuando lo bien que lo pasamos.
¡Diversión!
El sentido del humor, la capacidad de disfrutar y divertirse, son fundamentales en cualquier parcela de nuestra vida, y también del trabajo. Hay que disfrutar con lo que uno hace. Nosotros pasamos una tarde estupenda, haciendo tres tandas (entrenamiento, clasificación y carrera), y comentando y riéndonos entre unas y otras. Es parte de la jornada.
En el trabajo, estar 8 horas (mínimo) en la oficina y no tratar de poner las dosis adecuadas de sentido del humor y diversión, va en contra de todos: de los equipos humanos y de los objetivos del proyecto.
Conclusiones
No es que a estas alturas de la vida uno descubra todo lo anterior. Pero, como apuntaba antes, hacer autocrítica de las cosas que nos preocupan o han salido mal, y tratar de sacar, o refrescar, lecciones aprendidas, resulta fundamental.
Por lo demás, recuerda:
- Vence tus temores y complejos. Analiza sus motivos, puede que sean infundados.
- Asume riesgos (¡controlados!)
- No dejes todo a la subjetividad, ¡mide, cuantifica lo que puedas!
Y, sobretodo, diviértete y disfruta de la vida. Y de la compañía de tu familia y tus amigos.
¡Gracias por leerme y hasta la próxima entrada!


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